Una noche en vela y mundo – Por Iván Ojeda Pereira

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¿Qué le sucede a la ser humana o humano? Esta pequeña columna solo busca generar una pequeña reflexión -desde nuestra privilegiada posición patagónica- respecto a el posicionamiento en el mundo y relación con el entorno. La pregunta orientadora me ha dejado realmente muchísimas noches en vela, producto de su generalidad, permite orientar nuestro viaje mental hacia los miles de recorridos que el propio sentido delimite.

¿Qué le sucede a la ser humana o humano?, ¿qué le sucede en el momento que se preocupa con una extrema locura de adquirir y adquirir mercancías solo para una fecha que no se ha convertido en nada mas que el día del consumismo? Una fecha -que como la mayor parte del mundo- transformada respecto al contexto comercial y economicista, que ha distendido el antiguo concepto de unión, reconfigurándolo -en algunos sectores- hacia la ínfima posibilidad de barajarse dentro de un entorno relacionado a la “compra de regalos”. Este mismo humano que se preocupa del producto y no del simbolismo, ha dejado de ser un humano que se conecta con su naturaleza, ya no importa que ha pasado en el trascurso de creación de ese producto, simplemente importa poder poseerlo, el sentimiento de “ser” dentro de una naturaleza que te cobija ni siquiera es parte de las reflexiones mientras eliges entre un bolso de ben 10 o de la liga de a justicia, la tierra devastada y explotada -como tantos otros temas- se ve claramente invisibilizada en oposición a un producto sobre visibilizado.

Las grandes urbes nos han ensimismado y enajenado de lo que significa vivir en armonía con una naturaleza que ruge pero a la vez tiembla, ruge cada vez que intenta demostrar que este humano no deja de ser una simple especie, ruge con un pequeño movimiento que sacude o con un fuego ardiente que en un sentido “destruye” o ruge en su simple ,deslumbrante  y contemplativa existencia,  sin embargo, aparte de rugir tambien tiembla, tiembla al perder su libertad, al verse contenida y manipulada cada vez más, tiembla día a día al perder partes de su cuerpo por el sobre posicionamiento de la peor plaga “ la ser humana o humano”, que ha destruido sin miramiento alguno de futuro al propio entorno del cual es parte y  observador. El humano se encuentra enajenado, orientado a la destrucción y en este sentido le encuentro mucha razón a la tierra por temblar, tiembla por nosotros, tiembla por nuestra manera de existir.

Pero, retornando a la pregunta ¿Qué le sucede a la ser humana o humano?, desde mi humilde punto de vista creo que el ser humano ha perdido desde diferentes aproximaciones, su capacidad de sentir, de sentirse a si mismo a través el deporte ,escritura, lectura o arte, de sentir las experiencias de un mundo natural que tiene una vida por si mismo, las grandes metrópolis, urbes y capitales hacen de lo “natural” una simple creación mas de nuestro ser, creamos parques, áreas verdes y cuanta otra cosa se nos ocurra, todo bajo un cobijo de racionalidad humana. La naturaleza posee una racionalidad propia, la vida que nos rodea tambien posee sistemas, subsistemas y normas que rigen las interconexiones. Nuestro Homocentrismo nos destruye, el “ser” (como sujeto) se ha olvidado lo que significa ser, el consumo no lo deja vivir, la sobre confianza en la capacidad organizativa del mundo desde el humano a través de la urbe centralizada ha destruido la capacidad de contemplar un orden “natural”, un orden propio del mundo, un orden perfecto y racional.

Nosotros y nostras hemos tenido la mágica oportunidad de vivir desde la experiencia el significado de ser uno con el entorno, la bella Patagonia desde pequeños nos despierta con una escarcha que te percude el cuerpo, con un viento que traspasa y un imponente cerro que cada dia te recuerda lo insignificante que eres en su comparación. Nuestra privilegiada posición no sirve de nada si no le damos agencia, intentemos que la experiencia llegue a mas personas, rompamos la desconexión y antes de comprar la mochila de ben 10 piense, ¿Qué le sucede a la ser humana o humano?, somos uno con la naturaleza, la destruimos y nos destruimos.

Despierto con el vigoroso hielo amalgamado al concreto y pienso: esto no tiene precio, es de mañana y ya soy parte de un mundo, uno que tiembla, ruge y fallece, quiero revivirlo, estimado coterráneo la Patagonia lo revive.

 

 

 

Por Iván Ojeda Pereira

Estudiante de Sociología

Universidad de Chile

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