Juan Chávez, torturado político: “No tengo rencor contra los militares”

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A 44 años de la dictadura de Augusto Pinochet, recordamos como el régimen acabó con los sueños de muchas personas que, por pensar diferente a los demás, fueron asesinados, exiliados y/o detenidos. Las víctimas y los triunfadores fueron muchos. Juan Chávez fue parte de los torturados políticos que recuerda con nostalgia aquellos años que terminó por destruir sus proyectos personales.

En una casa invadida por el color rojo e imágenes en blanco y negro se viste la entrada de la casa de una de las personas que conlleva el dolor – quizás – más grande que pueda tener un ser humano. Fotos de familiares, diplomas y una gran imagen del ex presidente Salvador Allende. Este es el entorno que inunda la casa de Juan Chávez Gutiérrez (69) que relata parte de la historia de su vida marcada por el sufrimiento y su vida familiar sobre cómo vivió la época “negra” de Chile.

El hombre de test morena, nacido en la ciudad de Concepción, ingeniero en biología marina y profesor de Historia, titulado en la Universidad Austral de Chile (UACh), fue parte de los presos políticos de la dictadura militar en los años 1973, 1975 y 1978. Luego fue llevado a diferentes campos de concentración dónde vivió las formas más crueles en que un ser humano puede relacionarse con el otro: la tortura.

En la actualidad, Chavéz presenta diferentes secuelas de las formas de tortura que sufrió y que terminaron por desfigurar su rostro. Además, comenta que lo vivido “no tiene descripción alguna por la crueldad que nos trataron en ese entonces”.

Los inicios

Don Juan o “pelado”, como le dicen sus amigos y familia, se trasladó hasta la Región de Los Ríos a los cinco años hasta el puerto de Corral donde recuerda la catástrofe del terremoto y maremoto del año 1960.

Chávez en los años 60’ fue dirigente estudiantil en Valdivia y siempre estuvo ligado al pensamiento de la izquierda chilena, pero discrepaba de su actuar cuando los líderes actuaban de una forma contraria al discurso que se proclamaba a la opinión pública.

Su juventud estuvo marcada por contribuir con las comunidades universitarias y educativas con el fin de mejorar y aplicar a sus pares como formar un país que se base en el conocimiento, igualdad, oportunidades y con valores. No obstante, todo eso terminó cuando el 11 de septiembre de 1973, a las 6 de la mañana, comenzaban las primeras informaciones por medio de las radios dónde señalaban que las Fuerzas Armadas (FF.AA) se estaban tomando los principales puertos del país. Desde ese momento, comenzaba a gestionarse un Golpe de Estado que permaneció por 17 años.

Los sueños que se acabaron

Desde el momento que llegó Salvador Allende a la presidencia de Chile, Juan recuerda que la “gente no tenía convicción y no estaba preparado para enfrentar lo que el presidente quería porque cuando se les favoreció a algunos campesinos con la Reforma Agraria, ocupaban los beneficios del Gobierno no con el fin que se quería”.

En sus tiempos como dirigente, Chávez explicó que las largas filas que se producían eran organizadas por la gente que gestionó el Golpe Militar porque efectivamente había filas, pero los líderes de las organizaciones sociales éramos los “últimos en retirar algo de los almacenes para llevarlos a las casas, ya que queríamos enseñar valores y hábitos. De todas formas, muchos nos doblaron la mano y se aprovecharon”.

¿Podría decir que hubo gente al interior de la UP que traicionó al ex presidente Allende?

Sí y militantes igual. El hecho de que no todas las personas tenían la convicción de lo que se quería instalar hizo que muchos se aprovecharan.

¿Cómo recuerda el momento cuando se entera que La Moneda es bombardeada y el ex presidente murió?

Fue entrar en un túnel que no tenía salida. No tengo un adjetivo calificativo de lo atroz que fue ese momento y los 17 años de Pinochet. No le puedo decir traidor porque le faltaría mucho.

¿Dónde y cuándo se encontraba al momento de ser detenido por primera vez?

La primera vez fue en el sector de la Corvi y me llevaron hasta el regimiento Caupolicán. Me encontraba en mi casa, los militares apuntaron con metralletas a toda mi familia y me llevaron.

¿Pensó que lo iban a matar?

Por su puesto. De hecho, pensé que era mi último día y con más razón creía en Dios (risas).

¿Cómo trataban a las personas en ese lugar?

Como un verdadero matadero. Era tan espantoso que nos colocaban como animales de y nos colgaban con la cabeza mirando al suelo.

Pero a los torturados políticos les vendaban los ojos desde que lo tomaban detenido…

Sí, pero gracias a Dios mi papá tenía un conocido al interior del regimiento y yo igual. Eso hizo que al momento de abandonar el lugar pudiera ver algunos minutos como estábamos.

¿A qué conocido se refiere?

A Don Héctor Zeledón. Él era mi profesor de Folclore en la Iglesia Católica a la que yo iba y era militar. Entonces cuando estaba detenido por segunda vez me ubicó, me dio alimento y me entregó la libertad. Yo solo lo escuché, no le dije ni gracias.

Y cuándo le entregó la libertad, ¿Le comentó algo su maestro?

Sólo me dijo que no me metiera en tonteras y yo me fui saltando las pozas de agua por calle Bueras hasta mi hogar.

Un rio de sangre

Juan señala que tras salir del regimiento Caupolicán, el mismo año en que fue detenido político, se casó junto a su señora porque él pensaba que si no era ese momento nunca lo iba hacer. Sin embargo, ese no iba hacer su último testimonio porque se aproximaba a enfrentar matanzas jamás imaginadas dentro de los regimientos.

Tras su casamiento y última detención pasó cerca de un año para que luego fuera detenido por segunda vez, ¿cómo sucedió aquella situación?

Fue muy raro porque recuerdo que estaba en la población Menzel de Valdivia y yo veo un operativo. Resulta que salgo a la calle y me acerco a una persona que se encontraba con ropa oscura para preguntarle y de repente saca una pistola y me dice: “levanta la mano conchesumadre, te estábamos esperando”.

¿Qué hizo usted?

Nada. Mis piernas se debilitaron, mi rostro cambió y repetí las sensaciones anteriores.

¿Hacia dónde se lo llevaron?

Al mismo lugar. El regimiento Caupolicán.

Se encontraba el caballero que usted conocía?

Si. De hecho, me ayudó nuevamente y me entrego el “título” de trato especial lo que significó que me sacará las vendas de los ojos y fue espantoso.

¿Por qué tan así? ¿Qué pudo observar?

Me acuerdo de un tal cabo campana. Ese era el más malo. Entonces cuando los prisioneros tenían sed, los militares los bajaban y atados de manos, pies y vendados, hacían correr a las personas por un gimnasio de 60 metros aproximadamente. El que quedaba de píe podía tomar agua, ósea nadie porque todos se pegaban y caían a tablas con clavos puntiagudos.

¿Lograba ver el rostro de los militares?

Pero claro. Eran muy violentos. Yo recuerdo que tenían sus ojos desorbitados, rojos y con mucha agresividad.

Y nuevamente, ¿cómo se gestionó su salida de ese lugar?

Por don Héctor Zeledón. Él hizo que yo abandonara el recinto porque sabía que yo no era malo.

Si pudiera describir en una sola palabra lo que pudo observar ¿cuál sería su término?

Indescriptible.

La tercera vez que lo capturaron ¿fue distinto a lo que ha contado?

Fue exactamente lo mismo, sólo que yo me encontraba dónde mi tía con mi señora.

Al final del túnel

Con lágrimas en sus ojos y un rostro, evidentemente, emocionado recuerda a sus amigos que fueron asesinados y víctimas del régimen militar. Chávez explica que su resistencia a finales de los 80’ en contra de Pinochet y su participación en la campaña del “NO” se mantuvo día tras día hasta que llegó el momento del plebiscito.

¿Pensó que el plebiscito de 1988 era solo un montaje para disminuir la presión internacional al régimen?

Desde que se anunció y hasta que se terminó pensamos que era un show. Cuando las urnas comenzaban a cerrarse, todas las radios entregaban resultados de las localidades pequeñas donde había ganado el “SÍ” hasta que pasada las 11 de la noche y cuando el dictador quedó solo, se anunció el triunfo del “NO”. Fue brutal.

¿Qué hizo en ese momento?

Después de 17 años pude ver la luz al final del túnel. Me acuerdo que salimos a celebrar y compramos con mis amigos del comando una botella de whisky y tomamos toda la noche.

Con los múltiples acontecimientos que han ocurrido en nuestro país, ¿podríamos volver a lo mismo?

Ese es el miedo que tengo. Estos últimos años he visto muchas cosas que se vivieron cuando asumió el compañero Allende (de manera más moderna). No estamos por un buen camino y tengo temor en saber cómo estaremos en 20 años más.

En la actualidad y con toda la experiencia vivida, ¿qué destaca de todo esto?

Que hay que valorar la libertad de expresión y la democracia. Pero, sobre todo, para poder volver a crecer, no le tengo rencor a los militares.

 

 

Fotografía de Contexto: Don Juan Chávez.

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