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El deporte: un arma útil para combatir la desigualdad infantil en la región – Por Iván Ojeda

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En una primera instancia me gustaría recalcar que no es la única arma para combatir la desigualdad y que considero a la educación, cultura y las artes como las otras aristas fundamentales de la construcción de un mundo infantil más equitativo. Para fines de esta columna y para no solo centrarme en datos, he decidido profundizar en el deporte, ya que en esta área creo ostentar una experiencia personal que podría ayudar -desde mi punto de vista- en agregar a este texto una porción necesaria de humanidad.

La importancia de esta columna no recae en la crítica a la estructura “deportiva” existente – a pesar de ser bastante importante-, sino que en las nuevas propuestas que aquí se expondrán en relación a la comprensión institucional del deporte y su trascendencia en el plano social. En este punto no me refiero solamente a los clásicos fútbol, básquetbol o vóleibol, me refiero a cada joven que realiza deporte por salud o -aún más- a cada joven e infante que realiza deporte a nivel competitivo. En esta pequeña estructuración de ideas, buscaré posicionar al deporte como una forma de acción para combatir la desigualdad infantil en nuestra región.

Se hace necesario presentar genéricamente la significación que se le atribuye al deporte, para esto, es imposible no remontarse a los cambios producidos en dicha concepción desde la revolución industrial en adelante. Junto al acenso de la sociedad moderna suceden una serie de transformaciones que se materializan en múltiples aspectos de la sociedad, en este sentido el deporte y su significado también se ve mutado. Las antiguas concepciones de juego profundo inundado de significación simbólica pasan a quedar en un semi olvido, o se transforman hacia una compleja reestructuración, que en conjunto a los nuevos aspectos de la modernidad -tales como el concepto de competencia como herramienta de legitimidad de la acción- configuran una nueva concepción mercantilizada del deporte.

El capitalismo moderno por medio de un largo proceso también comienza a ingresar en el aspecto deportivo, transformándolo en una instancia más para obtener ganancias. Este punto se ve claramente ilustrado en el futbol, ya que en la actualidad se ha transformado en un burdo negocio por el cual los antiguos clubes deportivos, sociales y culturales han sucumbido ante la fuerza económica de las sociedades anónimas -de la “U” a Azul Azul, de Colo Colo a “Blanco y Negro”, que producen jugadores para venderlos a precios más elevados, “personas imágenes” que se puedan vender a las marcas de zapatillas y de ropas.

Por otro lado, en los deportes olímpicos, los auspicios de las marcas, las grandes productoras que ganan en la realización de mega eventos (juegos olímpicos, panamericanos o sudamericanos) o la gran cantidad de divisas producto de la venta de los derechos de transmisiones deportivas, todo configura un deporte mercantilizado, dejando atrás lo bello y comunitario del deporte.

Pero estimados, no todo es perdición, ante este contexto aún continúa existiendo un fútbol de barrio o uno laboral que resiste ante la competencia económica y continúan en sana competición deportiva, un Almirante Simpson, un 21 de Mayo o un Emilio Millar aún funcionan comunitariamente y por otro lado más trascendental; aún existen jóvenes que sacan la cara por nuestra región en importantes torneos internacionales, entrenadores que no les interesa el dinero ni el status social y dedican gran cantidad de su tiempo en preparar deportistas sin tener siempre las condiciones necesarias, sin ir más lejos tuvieron que morir nuestros hermanos ciclistas para que la institucionalidad recién se diera cuenta que era necesario construir un velódromo y ojo que aún continúan entrenando en las carreteras. No nos quedemos en la crítica a la concepción de deporte en la actualidad y rescatemos a cada familia, profesor y más que nada a cada deportista que ante toda adversidad continúa sacando la cara por su pasión. He aquí la esperanza y la resistencia al deporte mercantil.

En un Chile tremendamente centralizado, las diferentes instituciones administrativas han dejado en una situación de desmedro a los deportistas de regiones y se ha preocupado de “incentivar el deporte” por medio de formas que claramente no están causando repercusión.  ¿Será coincidencia que seamos el país de Latinoamérica con más obesidad infantil?

Fomentar políticas regionales de deporte en este contexto es bastante complicado, pero no imposible. Desde mi punto de vista una articulación entre las secretarias de salud, educación, deporte, INJUV, municipios y gobierno regional podrían llegar a crear una política regional de deporte, que ayude a cada niño e infante de la región a tener acceso a disciplinas variadas, para poder pensar como meta esta acción. No puedo evitar presentar el sentido que le atribuyo. Este sentido, es dejar de concebir el deporte como parte del mercado, alejado de cada persona y posicionarlo como un derecho constitucional o -a lo menos- institucionalizado, que no solo aporta en el área de salud, sino que constituye una forma de entregar posibilidades, cultura, educación y opción de articulación social a cada infante, joven y familia de nuestra región.

En ese sentido también se hace necesario criticar el rol de algunas instituciones deportivas porque no es casualidad que el número de proyectos fondeporte de la región de Aysén sea uno de los más bajos -si es que no el más bajo-  del país. De esta forma, otras instituciones, como las corporaciones municipales de deporte y  el gobierno regional, han asumido la difícil misión de fomentar e invertir en la actividad regional, no es un cuestionamiento sin altura de miras, ya que espero que en algún momento dichas instituciones se replanteen su posición en la región y se den cuenta que no solo tienen que coordinar programas de baile entretenido, organizar los juegos de la Araucanía /escolares nacionales  y mantener el centro de entrenamiento regional. El deporte en sí, constituye un dominio mucho más amplio, en el cual se representan formas de actuar del ámbito social y cultural.

Por ejemplo, puede ser utilizado como herramienta para ingresar a la universidad (como es mi caso) o como forma de fomentar la integración social, ya que en el deporte todos tienen las dos manos, los dos brazos y las dos piernas. Hagamos que las instituciones les pongan las mismas zapatillas, el mismo gimnasio y la misma comida para que así podamos abrir un nuevo campo de desarrollo para cada joven y niño de nuestra región.

Creo que es necesario rendir homenaje nuevamente a cada familia, profesor/ra, amiga/o y novio/a que apoyan a los deportistas para cumplir sus metas, pero más que nada agradecer a cada deportista que ante toda la adversidad continúa sacando la cara por su pasión. Espero algún día tener la posibilidad de transformar la difícil realidad de la región de Aysén y utilizar el deporte como una forma de entregar posibilidades de ruptura de entornos de vulnerabilidad. Mientras sigamos invirtiendo en rehabilitación en vez de invertir en entregar nuevas herramientas jamás transformaremos el mundo.

 

Por Iván Ojeda Pereira

Estudiante de Sociología

Universidad de Chile

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