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A veces me pregunto: ¿somos semillas en busca del conocimiento? – Por Paula Acuña

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Desde una edad temprana emprendemos un vuelo sin retorno, como crónica anunciada nos preparamos ante la incertidumbre de no saber si realmente estamos preparados.

De un momento a otro veo por la ventana (casi sin despedidas formales) como las calles por las cuales camine mil y una veces se ven lejos de mí, como todo el amor que tengo se ve separado por el tiempo y el espacio, como solo escucharé voces lejanas de aquellos que veía a cada instante, tendré y aprenderé a “sobrevivir” por estas ansias colectivas del saber.

No me debo creer especial, muchos han pasado por esto, todos mis coterráneos están esparcidos a lo largo de este país. Somos dientes de león que sueñan con encontrar tierra firme y germinar. Sin duda encontrar tierra firme es difícil, inevitablemente sobre todo cuando la noche cae; sientes como tu corazón se oprime, tu respiración se acelera y casi como un respuesta involuntaria una lagrima recorre tu cara blanca (muchos me han dicho que producto del frío y de los pocos rayos de sol, los hijos de las tierras australes tenemos una tez mas pálida); con el afán de sobrellevar la nostalgia ahogas tus pensamientos con cosas distintas, entre ellas, conocimiento (para no mencionar las demás). Duermes y confías que los días pasarán rápido o, por lo menos, irás germinando en el camino. Despiertas y sientes ganas imperiosas de salir de tu pieza, ir a la cocina y escuchar esa dulce voz de todas las mañanas, ver su cara que resplandece cuando ve la tuya y te sonríe cotidianamente, pero no. Ella está lejos, recuerdas el relato de muchos, de tantos otros que han vivido esto e ignoras ese sentimiento. Cada día lo vas ignorando, solo debes ir abonado esta tierra para que puedas germinar.

Caminas por calles nuevas, muy largas, nunca he caminando hasta el fin de una (siempre me pierdo) antes recorría de punta a punta la ciudad, sentía como una brisa invernal golpeaba mi cara y mis mejillas las cuales se ponían rojas, conocía cada pequeño detalle de esas calles tan repetidas, saludaba a los mismos e ignoraba a unos cuantos otros. Aquí, no sabes quién es quién.

Te gustaría saber si esos detalles siguen ahí, ¿cómo estarán los árboles del ante-jardín? No preguntas por aquello es muy superfluo para lo radicalmente importante, el poderoso conocimiento. Te gustaría burlar al espacio tiempo, construir una maquina tele-transportadora (hasta tengo un amigo que construye cosas, quizás he ahí la razón de nuestra amistad) y volver por pocos segundos a ver los árboles, ver los cerros (los cuales me encerraban bajo un núcleo de cordura), escuchar los débiles pasos de mi abuela, los firmes pasos de mi mamá y los rápidos pasos de mi hermana. Pero sabes que eso es imposible (mi amigo me dijo que el espacio-tiempo no se puede burlar, pero con él me rió de las cosas más banales y me burlo de la distancia, que es mejor que una empatía compartida). Te ríes, conoces, escuchas, ves, aprendes, sientes confianza y hasta tranquilidad, ya encontraste tierra firme, solo basta germinar.

¿Cómo germinas? A través del conocimiento, pero bajo un sistema educacional que está profundamente mercantilizado sientes temor a no cumplir con los parámetros de un conocimiento especializado.  ¡Quiero saber de las estrellas, de los mares, de los misterios, de las leyes!

Les pido un favor a quienes nos esperan con ansias: no lloren, no nos extrañen porque ya volveremos y juntos haremos que nuestra tierra crezca. Somos semillas de dientes de león que están germinando a lo largo del país, pero solo en Aysén floreceremos. De nuestros antepasado tenemos el vigor de anteponernos a lo adverso, estamos destinados a ser fuertes (va en nuestra sangre). No nos olviden que nosotros cada día que pasa nos ponemos una boina imaginaria, en mi caso una azul que me dieron antes de que parta; tomamos “mate”, aunque en casa no tomábamos tanto, les enseñamos a estos “nortinos” a jugar el truco, bailar chámame, a como nuestra identidad es completamente distinta a un país históricamente centralizado que no le ha encontrado la magia a esta tierra mística.

¡Tranquilos! volveremos a defender la tierra aysenina, TEMAIKEN (cuidar lo nuestro) decían los tehuelches. Solo estamos buscando conocimiento para ponerlo a disposición de ustedes, pero mientras tanto, no cedan, no se dejen engañar por los afuerinos que quieren conquistar esa reserva de vida, ya que nosotros estamos “poniéndole todo el hombro al asunto” y llegaremos pronto. Los queremos, y los llevamos en el corazón cada día que pasa, nos hacemos fuertes, y esperamos florecer pronto.

 

 

POR Paula Acuña

Estudiante Derecho

 Universidad Católica de Concepción

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